11-10-2004
Es indudable que dirigir organizaciones es hoy tarea compleja y difícil, y más cuando por razones de competitividad éstas han de estar inmersas en un proceso de innovación y mejora permanente, fundamentado por la aportación de personal bien cualificado, que actúe con creatividad ya autonomía en beneficio de su empresa, pero también de sus propios intereses, entre los que se incluye su desarrollo humano y profesional. Al mismo tiempo, en una sociedad democrática somos cada vez más exigentes en nuestros derechos y menos tolerantes ante estilos de dirección arrogantes y no comprometidos con las personas y la sociedad.
Pero una de las principales dificultades radica en cómo encontrar vías de aprendizaje para que los directivos puedan ejercer con eficiencia sus funciones. La mayoría de directivos de nuestras empresa, entre las que incluyo las pymes, han recibido escasísima formación al respecto, salvo la observación atenta de lo que sucede a su alrededor, que todo emprendedor practica, y la toma de conciencia de algunas de sus carencias, que en un momento deciden inicia – nunca demasiado tarde- su autoformación en métodos de gestión participativos, analizando lo que hacen quienes son reconocidos como excelentes. Conozco a bastantes de estos autodidactas y debo afirmar que, aparte de dirigir mejor, viven hoy mucho más felices.
Lamentablemente, la formación universitaria no ha integrado de manera generalizada el desarrollo de las habilidades directivas de muchos de quienes se supone tendrán que participar en equipos de trabajo y tener que asumir funciones de conducción de grupos. Por ello, la mayoría de personas con funciones directivas, sea cual fuere su procedencia, ha tenido que ir aprendiendo de sus propios errores a un coste muy elevado.
Las escuelas de negocios y muchas organizaciones profesionales son conscientes de ello y hacen considerables esfuerzos para paliar tales carencias, pero con una limitada capacidad de penetración en todo el tejido empresarial. Por tanto, es ineludible que tal aprendizaje se desarrolle en el seno de la empresa y que la propia actividad productiva integre el acrecentamiento de conocimientos y destrezas, determinantes para general el liderazgo que todo mando necesita. Habrá que gestionar con eficacia procesos y para ello habrá que saber: delegar, potenciar, estimular, reconocer logros, formar, promover el trabajo en equipo, etc. y escuchar y atender a las sugerencias y a las opiniones de los trabajadores, demostrando interés por sus condiciones de trabajo.
Cuando estamos ante la “organización que aprende”, que Meter Senge plantea, y se apuesta por la formación continua a todos los niveles, las cosas resultan más fáciles pero, en todo caso, cuando se cree en las personas que junto a sus condiciones de trabajo constituyen un valor estratégico, las actividades preventivas para evitar y minimizar riesgos laborales de todo tipo, al margen de sus contenido reglamentario, son magníficas oportunidades para aprender continuamente y que los mandos ganen la confianza de los trabajadores y consecuentemente el liderazgo que necesitan. Pero ello requiere que los mandos descubran las ventajas de unas actividades didácticas que les acercan a los lugares de trabajo y a los trabajadores, para escucharles, aprender de los incidentes y de los errores, anticiparse para evitar que éstos sucedan y planificar mejor el trabajo con un mayor compromiso de todos. Es necesario partir de unas mínimas habilidades directivas para realizar las actividades preventivas en las que los mandos han de estar plenamente implicados, pero también estas actividades han de contribuir al desarrollo de tales habilidades. Y en esta dinámica de aprendizaje, los técnicos prevencionistas tenemos un papel crucial para contribuir al éxito del sistema preventivo y de su especial contribución al buen funcionamiento de la empresa.
En las grandes empresas ha surgido en estos últimos años el “coaching”, una exitosa técnica basada en el entrenamiento y apoyo que los directivos reciben para que su vida profesional sea equilibrada y mejoren sus habilidades directivas. Asé, se cuida que sus actuaciones y decisiones sean lo más acertadas posible y sean percibidas como tales por sus destinatarios. Ello realizado con la contribución de personas independientes y avispadas, especialmente dedicadas a esta interesante función logística. Las pequeñas y medianas empresas tendrán que recurrir a éste u otros procedimientos más elementales, como el saber comunicarse mejore con personas de plena confianza y neutralizar a las imprescindibles y aduladores que aíslan muchas veces a los directivos.
Me viene a la mente una rica vivencia personal de una noche del mes de enero en El Forcall, un precioso pueblo del Maestrazgo, en Castellón, cuando en el calor de la hoguera de San Antonio, en su plaza mayor, un hombre jubilado, orgulloso de su trabajo de fabricar alpargatas, me iba contando apasionadamente su experiencia laboral y en al que había tenido cuatro “amos”, como así se llamaba antes a los empresarios-propietarios. Me quedé perplejo cuando, finalmente, ante mi pregunta de qué había sido lo que más satisfacción le había dado, mi interlocutor me contestó que fue haber enseñado a sus cuatro “amos” a “mandar” y a tratarle con dignidad. Entonces aprendí realmente que un buen profesional, no tiene barreras que le impidan transmitir lo que piensa y siente, aunque haya que esforzarse para ser escuchado. Aprender y enseñar son actividades estrechamente asociadas de valor trascendente y en las que todos hemos de tener un papel activo, porque nos permite ser útiles y ayudar a que otros hagan las cosas mejor, contribuyendo a mejorar competencias y también condiciones de trabajo. Aprendiz y enseñante se conjugan en uno mismo, mientras estamos intelectualmente activos.
Ante la pregunta abierta de ¿cómo aprenderán los mandos a dirigir?, la respuesta es múltiple. Por supuesto habrá que recurrir a las ayudas externas que sean necesarias, pero creo que también el camino en la empresa pasa por saber aprovechar la comunicación fluida fundamentada en al confianza mutua, en donde todos tienen que escuchar y los trabajadores, mucho que decir. Aprendiendo a prevenir, los mandos tienen la posibilidad también de aprender a dirigir.
Manuel Bestratén Belloví Jefe del Área de Condiciones de Trabajo. Centro Nacional de Condiciones de Trabajo. INSHT www.belt.es
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