11-10-2004
El número de lesiones oculares y cutáneas causadas por radiaciones accidentales de láser, está aumentando debido al creciente uso de láseres en aplicaciones industriales, quirúrgicas y científicas. El láser (Light Amplification by Stimulated Emission of Radiation) es una amplificación de la luz por emisión estimulada de radiación, como su propio nombre indica.
Es un haz de luz con algunas características propias: es monocromático, puntual y no-divergente. Es decir, el haz de láser es de una longitud de onda única que sólo se forma en un punto muy pequeño en donde impacta y el diámetro de su haz se mantiene aún a grandes distancias del emisor.
El láser ha sido toda una revolución en el mundo de las telecomunicaciones (gracias al desarrollo de las fibras ópticas), pero además es una importante herramienta en la industria, medicina e incluso en los dispositivos más domésticos como son las impresoras, los lectores de CD y las cajas registradoras de los supermercados.
Pero, ¿cuáles serían los riesgos para la salud?
Se dividen entres tipos:
- Lesiones oculares.
- Lesiones en la piel.
- Riesgos asociados.
Los riesgos para los ojos o la piel están basados en los efectos térmicos del rayo, similares al caso de encender fuego mediante una lupa y el Sol. Dicho efecto térmico es el usado por los médicos especializados para “soldar” retinas desprendidas, pero si el rayo impacta en la retina en forma incontrolada puede provocar pérdida parcial o total del sentido de la vista.
Existen muchas clasificaciones de láser. Una clasificación posible en función de los riesgos para la salud (es decir riesgos para ojos o piel) la realiza el ANSI (Instituto de Estandarización Americano), que definió las clases de láser según los riesgos oculares y riesgos en la piel:
• Clase I: abarca a prácticamente todos los equipos usados en oficinas, comercios u hogares; y se refiere a sistemas que poseen los emisores suficientemente resguardados como para que nadie se exponga a emisiones láser, en condiciones normales de utilización. La existencia de esas protecciones es indispensable para ser clasificado como clase I, y por tanto ser de “venta libre” en USA y Europa.
• Clase II y Clase 3a: no son lásers de uso común, y son equipos que pueden provocar daños si se mira directamente a la fuente de emisión o al extremo libre de la fibra óptica que transmite la emisión. Típicamente son los de uso medicinal. Los Clase II son del espectro visible humano, los Clase IIIa pueden ser también infrarrojos o ultravioletas.
• Clase IIIb: se refiere a sistemas similares a los de la clase IIIa pero de mayor potencia. En esta clase entran los equipos de comunicación telefónica por medios ópticos, pero desde el punto de vista del técnico que lo instala o mantiene, no del operador que trabaja todos lo días con él (para este último sería Clase I).
• Clase IV: se refiere a sistemas de potencia muy alta, usado sólo para investigación o usos muy específicos.
Para controlar todos estos riesgos, el ANSI recomienda las siguientes medidas de seguridad para EVITAR el riesgo (se trata de no exponer al trabajador al riesgo):
• Clase I: el fabricante debe etiquetar el producto e incluir instrucciones en el manual del usuario.
• Clase II y IIIa: todas las precauciones de la Clase I, agregando señalización de advertencia (carteles azules con letras blancas) en el área de operación láser.
• Clase IIIb: todas las precauciones de la Clase I agregando señalización del área de trabajo (carteles rojos con letras negras, con indicación de la longitud de onda y la potencia del emisor), exclusión de terceros, terminación de fibras ópticas no utilizadas, entrenamiento de técnicos instaladores.
• Clase IV: todas las medidas de la Clase IIIb, más un control epidemiológico del personal que maneja estos equipos, además para operar el láser Clase IV, debe establecerse un área controlada que incluya la desconexión automática del emisor si entran terceros dentro de aquella.
La otra clase de riesgos que quedaría por ver, además de los riesgos de salud, serían los riesgos asociados. Estos serían por ejemplo: el alto consumo de energía eléctrica, con el consecuente riesgo de incendio; riesgos originados por el material donde impacta el rayo láser que puede desprender partículas incandescentes, fuentes de alta tensión, que conllevan a un riesgo de shock eléctrico y la interacción del láser con algunas sustancias gaseosa puede provocar riesgo de explosión
Mónica García Hernandez Ingeniero Superior Industrial Diplomada en el Curso Superior de Seguridad contra Incendios de CEPREVEN www.belt.es |